
Cada vez que hablas, -si es que a tus artes de atracción se las puede llamar así- incrustas un imán de polo positivo en la cabeza de tu interlocutor, que se ve irremediablemente atraído por el polo negativo alojado en el loft que la persuasión se ha montado en tu cerebro.
A lo que muchos llamarían un increíble carisma, yo lo llamaría una fastuosa capacidad de manipulación.
Créeme chico, y ten esto muy en cuenta, sólo las personas que en la vida actúan como tú lo haces son las que llegan a triunfar.
No digo ni mucho menos que esté de acuerdo, pero jamás te faltarán escalones que pisotear para llegar a la cúspide de tu edificio vital. Te conozco y sé que jamás cogerías el ascensor, sé que con ello no experimentarías ningún placer.
Tu hambriento imán busca presas, pero no determina qué supone conseguirlas...tú tampoco lo haces.
Llegarás muy alto, acuérdate de esto...
Pero andate con ojo y cuida que tus vísceras no interfieran en el campo magnético de tu gran cabeza elucubradora.



